Brave


Valiente (Brave)
2012
Dir. Mark Andrews & Brenda Chapman


Pixar es un lugar de sorpresas. Aunque guarde a Disney en mi corazón por haber influido tanto en mi crianza como mis padres, la perspectiva que se adquiere con la edad sólo evidencia que muchas producciones del señor Walt estaban demasiado empapadas por convenciones de su época y una muy lenta resolución a ir renovando sus paradigmas. Por ello, hasta el año antepasado cuando se estrenó Tangled (Enredados), y a pesar de los exitosos intentos por “actualizarse”, Disney insistía majaderamente en el formato del musical y la historia de los amantes, arrastrando temas que han carecido de desarrollo desde los tiempos de Blancanieves.

En ese contexto, Pixar sumó puntos cuando hizo su aparición a principios de los 90s, desarrollando historias que, si bien no revolucionaron la narrativa, le concedieron al género de la animación un estatus de terreno en el cual se podían tomar elementos “infantiles” y conseguir resultados que apelaban tanto a niños como a adultos; temas desarrollados con sorprendente profundidad, sutileza y emoción, lo que pronto convirtió al ahora afamado estudio en la nueva y definitiva “fábrica de los sueños”. A tal nivel de maestría llegó su metódico amor por el buen storytelling, que en 2008 produjo lo que recientemente un gran grupo de críticos nombró como la mejor película de la década 2000-2010: WALL E. Esta capacidad de renovar lo ya visto y añadirle capas adicionales, manteniendo como constante la magia de la inocencia y el humor, es lo que hace de Valiente un éxito.

Valiente empieza como la archiconocida historia de la princesa agobiada por los protocolos y exigencias de su condición, buscando libertad y realización personal lejos de la notoria rivalidad que mantiene con su madre. Este roce, construido con un énfasis e intensidad mayores que los vistos en otros relatos similares, es el vértice que sostiene la vuelta de tuerca que toma la película cuando la aventura que vive la pelirroja protagonista es mucho más íntima y compleja que cualquier otra que pudiera haberse elegido – Mérida no tiene que salvar a su reino ni encontrar el amor, tiene que afrontar las consecuencias de una decisión que afectó directamente el vínculo entre ella y su madre, y pone en peligro la vida de ésta última. Con esto, Valiente explora sensatamente la relación madre-hija, la naturaleza de las tradiciones, el mutuo entendimiento y el cómo el destino es una decisión personal. Puede ser verdad que no es tan sorprendente ni emocionante como WALL E, Up o la trilogía de Toy Story, pero su mera amplitud de visión en tratar un tema que antes había sido tan ignorado le vale un gran mérito. Se nota sin embargo el cambio de mano que hubo en mitad del proceso (cuando la directora original fue reemplazada), y el 3D, como es de esperarse, no aporta ningún valor narrativo, y de hecho, ni siquiera potencia en demasía las escenas de acción. No he visto la reciente Cars 2 para compararla (supuestamente la peor película que ha hecho Pixar), pero viendo el resultado final, Brave está bastante lejos de ser un punto bajo dentro de la maravillosa seguidilla de éxitos de esta nueva fábrica de los sueños que es Pixar.



Puntaje: 7/10    Recomendable.

Mi Último Round


Mi Último Round
Dirección y Guión: Julio Jorquera Arriagada
2011





Aprovechando una nueva instancia de lucha por la igualdad de derechos y no discriminación a las minorías sexuales,  me parece de lo más acertado revisar cómo se ha representado la homosexualidad en el cine chileno.

Uno tiende a pensar que un buen tratamiento de dicho tema vendría siendo un planteamiento conflictivo que se refiera a la homofobia,  la discriminación laboral, la heteronormatividad y el gran manojo de problemas que comparten no pocos homosexuales en Chile y el mundo; dicha forma de abordar el tema, en principio, está bien, porque nunca se puede dejar de lado el visibilizar estas cosas. Por otro lado, y personalmente, estoy un poco chato de seguir encontrándome con películas que hagan un uso ostentoso de la homosexualidad (la palabra exacta que quiero usar es gringa, ‘flamboyant’), ya sea por la hipersexualización gratuita y el fracaso en otorgarle tridimensionalidad a sus personajes (`Joven y Alocada`), o el uso de ésta como un mero instrumento de autorreferencia –hola, soy el director, soy gay (o encuentro choro serlo) y por eso todos mis personajes/historias son gays- (el cine de Xavier Dolan, o volviendo a Chile, bodrios como 199 Recetas Para Ser Feliz y múltiples trabajos de escuela con los que me he encontrado). Es en mi humilde opinión que la mejor representación de la homosexualidad en el cine es aquella que la trata como lo que es: como cualquier otra cosa, sin adornos, sin que la realidad inmediata de los personajes esté en constante conflicto por ello. Es la representación del mundo ideal al que aspira la lucha, y aunque es prudente decir que sí, se está lejos de eso aún, es la fluidez y normalidad del relato la que la hace llevadera. No todas las historias tienen que tratarse siempre de lo mismo – no todas tienen que ser Philadelphia, Angels in America (VIH/SIDA), Secreto en la Montaña (amores imposibles entre la discriminación) u otras que denigren la homosexualidad en un mar de clichés (la promiscuidad, lo flamboyant, la “vida licenciosa”). Este punto es la mayor fortaleza de Mi Último Round.






El director Julio Jorquera no tiene interés en desarrollar el cliché de conflictuar a un personaje que por antonomasia exuda “masculinidad” añadiéndole a la receta su homosexualidad. En lugar de eso, explora dos personajes que, estando juntos para empezar una vida nueva lejos de casa, ambos enfrentados a una pérdida, descubren que en realidad nunca se fueron de ahí. Uno nunca se aleja de su pasión por el boxeo; el otro divaga en su búsqueda por un lugar estable y cómodo. Es una historia bastante bien armada, cíclica, carente de gratuidades, bien escrita y filmada con contención e inteligencia, con un buen manejo del ritmo y la mezcla entre drama y momentos humorísticos; no es pretenciosa ni indulgente – es una película para una audiencia chilena, con un casting pertinente para ello y no para un comité que evaluará su distribución en Holanda y Francia. Está bastante bien actuada – especialmente por Roberto Farías y Manuela Martelli-, y es el bombón que sobresale entre los pasteles del reciente cine chileno –perdón por eso.

Puntaje: 7/10 Recomendable.


Los Vengadores

The Avengers
Dirección & Guión: Joss Whedon
2012
142 min.



No había visto The Incredible Hulk. No había visto Iron Man ni Iron Man 2. No había visto Thor. No había visto Captain America: The First Avenger. Con esa notoria (falta de) preparación me dirigí al cine a probar suerte con The Avengers, o a morir noblemente en el intento.

El gran favor que nos hace Joss Whedon (a nosotros, los que no tenemos un magíster en Universo Marvel) es que no castiga –demasiado- la ignorancia o falta de geekismo; sí hay un par de referencias y chistes que tienen la misión específica de hundirte en la silla y en las risas de los que sí conocen la mitología hasta las mitocondrias, pero son momentos contados con la mitad de una mano. La verdad es que los personajes de The Avengers se dejan ver y querer bastante fluidamente sin tener que acarrear una biblia completa sobre la historia personal de cada uno, y es lo que permite disfrutar a plenitud la oportunidad de ver a estos seres tan disímiles sacando chispas: es una guerra de egos, intelectos, frases sarcásticas, condiciones humanas vs divinas, y tamaño/dureza de instrumentos de batalla, tan metafórica de la masculinidad. Mi humilde persona se sintió satisfecha de haber sido llevada de la mano desde el instante en que los superhéroes no soportaban estar juntos en una habitación, al glorioso momento en que la cámara gira alrededor de ellos, ya como un equipo, cuando se preparan para el enfrentamiento final. Ése es el encanto real de la película.

 Las escenas de acción son de una escala tan grotescamente ambiciosa que si tuviera que medirlas en la escala de Michael Bay (Transformers), The Avengers llegaría orgullosamente al 9 de 10, también llamada “explotará hasta lo que no debería explotar”. Y hablando de Michael Bay, me SALTA A LA VISTA (como el nombre de ese pésimo programa) la curiosa similitud entre ésta película y Transformers: Dark of the Moon, donde básicamente el artefacto que causa todo el conflicto es el mismo: una fuente de energía ilimitada que abre un portal dimensional del que sale un brígido ejército. No sé si es un homenaje, o una vergonzosa falta de originalidad, pero uno puede suponer que es un detalle menor junto con las escenas que exudan el razonamiento “hay que poner algo que explote, hace rato que no pasa nada”.

 Ahora, si aplicamos un filtro de mayor exigencia, queda decir que The Avengers no ofrece más de lo que se podría esperar de ella: risas y explosiones. El espectador habituado a entretenimiento más denso se verá decepcionado en el sentido que la película no acarrea grandes ideas ni conflictos; incluso cuando pareciera ponerse interesante en ese sentido, girando un par de tuercas, se queda en lugares bastante comunes. Y aquí es donde debo compararla gratuitamente con la película geek que llevo cuatro años esperando: ésta no es una película de Nolan. Ésta no es The Dark Knight Rises. Y aunque sea totalmente innecesario compararlas, al final de la película, satisfecho y todo, queda la sensación de que, post-Nolan/post-The Dark Knight, uno quiere que sus películas basadas en cómics entretengan tanto las vísceras como el cerebro. 7/10

Joven & Hipster


Joven & Alocada
Dirección: Marialy Rivas
Guión: Marialy Rivas, Pedro Peirano, Sebastián Sepúlveda, Camila Gutiérrez
2012






El cine chileno es, si se lo tuviera que describir en una palabra, sintomático. Pero, siendo realistas y concientes, todo el cine lo es. Dentro de toda la diversidad cinematográfica que ha visto la luz en la última década, el único sumario posible es decir que refleja elocuentemente el síntoma del imaginario local; fragmentado, individualista, formalista, desligado, superficial y supérfluo. Nos enfrentamos a salas de cine cuyo público objetivo es nada más que su propio realizador, ávido de masturbación mental y reconocimientos en festivales extranjeros. Nadie se preocupa por el público chileno, la torta demográfica que paga sus cuentas y anda en micro y posiblemente aún tenga acceso a internet sólo mediante los 600 pesos que cuesta la hora en un cybercafé.

La experiencia de ver Joven & Alocada quisiera, en apariencia, distanciarse de ello, pero en la práctica, el análisis menos meticuloso confirma que seguimos en el mismo lugar. Marialy Rivas, con su formación tan íntegramente cinematográfica, dota a la película de un estilo innegablemente lúdico, si bien nunca realmente original, que hace fluir los 90 minutos con relativa liviandad. El problema de Joven & Alocada radica no en sus aspectos técnicos y narrativos, y ni siquiera (tanto) en su insistencia majadera por hacernos tragar la unidimensionalidad de su protagonista obsesionada con la cualidad "liberadora" del sexo, sino en hilos más finos.

Lo que suele molestar en esta seguidilla de películas anecdóticas e individualistas es la total ausencia de una vocación, un esbozo de apelación a una problemática común. Se nos lleva de la mano a través de la historia de una joven de clase alta cuya única característica definitoria es ser una hipster hipersexual inserta en el seno de una familia evangélica. El personaje vive hitos, pero nunca cambia. Y nunca logra provocar en la audiencia reacciones más diversas que la risa a propósito de su 'ingenio lingüístico'. No hay empatía con la protagonista a menos que SEAS la protagonista, o te parezcas a ella, porque sus protodilemas son tan particulares, sin ningún afán de indagación en raíces más profundas, que hacia el final el distanciamiento es casi necesario. Y no es que no haya posibles indagaciones en este contexto: a ratos tiene la rica posibilidad de examinar el complejo mecanismo que opera entre la crianza represiva de un hijo y la explosión conductual que resulta de ésta; pero la película cree fervientemente en la irrelevancia de esto, sustentándose completamente en el carisma de sus formalidades y abandonando una potencialmente interesantísima relación entre Daniela y su madre, y su tía. Uno podría argumentar que esta relación no tenía mayor profundidad en la vida real (la fuente de esta ficción), a lo que uno, con decepción, no puede más que responder: "está bien".

Puntos a favor: como se señaló anteriormente, su tratamiento formal es entretenido, y saca risas. La banda sonora (placer culpable) con Javiera Mena y otros exponentes del mundillo hipster, es casi una experiencia aparte. Pero evite el creer que está en un karaoke.

6/10

Blame Morricone.

Lo dije alguna vez: es culpa de Morricone. La temprana exposición a la música compuesta específicamente para cine me convirtió en un ávido consumidor de soundtracks, y aunque algunos podrían decir que me falta criterio de selección, admito que disfruto de una amplísima gama de música, variando en compositores, estilos, épocas y recepción general.

Siempre he preferido la música instrumental por sobre la lírica porque me da el trabajo adicional (siempre placentero) de descubrir las letras implícitas en los acordes, en los ritmos, en los contrapuntos - y a veces resulta particularmente interesante ir descubriendo el cómo la música tiene el poder de contar una historia por sí misma aunque no distinga entre personajes y arcos narrativos, pero sí entre ambientes, estados de humor y emoción que son suficientes para realizar un viaje, tal como lo es toda buena historia.

Pero hablemos de compositores. La mayoría de la gente se refiere a compositores de cine en general con dos palabras: 'John' y 'Williams', y fin del repertorio. Otros apuntarán al 'tipo de Titanic' sin saber que se trata de James Horner. Luego están los que hablan de Yann Tiersen y su vasto conocimiento de la OST de (Le Fabuleux Destin d')Amélie (Poulain), y otros que por la suerte de lamentables incursiones en el cine populais (Carter Burwell en Twilight y la camada de compositores, entre ellos Patrick Doyle y Alexandre Desplat, que le han dado hijos a la saga de Harry Potter) saltan al ojo público. Nadie puede culpar a estos consumidores casuales, y menos juzgarlos. Yo sólo haré una apreciación rápida de los compositores que han formado mi gusto y se merecen un cierto reconocimiento.



El primero es, por supuesto, Ennio Morricone. Descubrir el cassette con la OST de The Mission cuando tenía cinco años fue prácticamente el punto de inicio de toda la espiral de amor y lujuria por el cine, y la música que traía consigo. Soy mucho más fanático de su música 'romántica', siendo que es mucho más popular por sus composiciones para los westerns de Sergio Leone. Pero creo que nada supera el 'Love Theme' de Cinema Paradiso, una película que además se trata sobre la magia del cine y el efecto que tiene en las personas. Lloro como guagua cada vez que lo escucho.



Otro héroe personal es Philip Glass, un tipo que aunque ya está gastado hace rato, ha sido capaz de producir obras de una belleza lírica incomparable nacidas de su particular estilo minimalista. Desde Koyaanisqatsi (1983) a The Hours (2002), su obra maestra, ha dotado a las películas en las que trabaja de un distintivo sonido que suele operar en niveles subyacentes, asociativos, respecto a las imágenes que acompaña.



En un marco similar, Michael Nyman es un tipo que me ha cautivado hace menos tiempo que Glass, pero ha probado tener la habilidad de reinventarse y crear continuamente nuevos sonidos dentro de lo paradójico que resulte siendo un abanderado del minimalismo. Su asociación con Peter Greenaway lo ha llevado a crear varios de sus trabajos más colorinches, entre ellos A Zed and Two Noughts (1985) y Drowning by Numbers (1988), pero es lejos mucho más famoso por su sublime esfuerzo en The Piano (1993), de Jane Campion.



Otros nombres importantes son Jon Brion, Thomas Newman, Bernard Herrmann (era que no), Nino Rota (duh), y, en una ironía que resulta sorprendente si consideramos el mismo tópico de este artículo, el que es en definitiva mi compositor favorito, Elliot Goldenthal.



Goldenthal es un ávido experimentador, frenético, ruidoso, y para muchos un dolor de cabeza. Pero incluso sus detractores le reconocen la fuerza tempestuosa de su creatividad, su técnica y su versatilidad, siendo capaz de componer con facilidad en todos los géneros existentes (a excepción de la comedia romántica, único terreno en el que no ha incursionado). Fuera de eso, el hombre compone obras maestras para dramas (Frida, 2002, por la que ganó el Oscar), horror (Alien 3, 1992), adaptaciones de Shakespeare (Titus, 1999, The Tempest, 2010), ciencia ficción (Sphere, 1998), adaptaciones de cómics (Batman Forever, 1995, Batman & Robin, 1997), con la facilidad y la destreza de quien se come un plato de lasagna.



Para finalizar, mi lista personal de mis 10 bandas sonoras favoritas (sólo en orden alfabético), y un regalito de Max Steiner, el que bien podría ser el compositor de la vida.

1.- Beauty & the Beast (1991) - Alan Menken
2.- Godfather, The (1972) - Nino Rota
3.- Hours, The (2002) - Philip Glass
4.- Koyaanisqatsi (1983) - Philip Glass
5.- Last Emperor, The (1987) - Ryuichi Sakamoto, David Byrne & Cong Su
6.- Magnolia (1999) - Jon Brion
7.- Mission, The (1986) - Ennio Morricone
8.- Piano, The (1993) - Michael Nyman
9.- Violon Rouge, Le (1998) - John Corigliano
10.- Zed and Two Noughts, A (1985) - Michael Nyman


David Fincher + Trent Reznor + Karen O

Tenía que postearlo porque sentí que lo había visto tantas veces que se merecía un cierto espacio de apreciación. Este trailer, por sí mismo, es una obra de arte.



Cortesía del siempre bacán David Fincher.

Especial Directores

Con la animosidad propia de saber que no he escrito nada en mucho tiempo, me tomo la libertad y la diversión de publicar una entrada sobre mis cinco directores favoritos, y por qué se han ganado un puesto en dicha lista, además de recomendaciones sobre los que me parece son sus mejores trabajos.

5.-



Wong Kar-wai (1958 - )
Mejor película: Fa yeung nin wa (In The Mood for Love, 2000)
Trabajos notables: Happy Together (1997), 2046 (2004)

Wong Kar-Wai evoca la más controvertida culpabilidad en el sentido de que me haría una vasectomía con tal de poder lograr algún día el nivel visual de su trabajo, sin que me tildaran de snob. La sutileza de su amaneramiento, su uso del color y de la música son estampas únicas de su mano, creando películas que son bellas en una forma universal mas sin embargo profundamente orientales. Creo precisamente que lo más notorio de su estilo es su utilización de música previamente existente que proviene de todas partes del mundo (Happy Together, asentada en Argentina, tiene bastante de tango; In The Mood for Love y 2046 gozan de ritmos tropicales y blues), además de su constante colaboración con el genio Shigeru Umebayashi. En general, el cine de Wong Kar-Wai es un placer en tanto que resulta una experiencia exótica pero al mismo tiempo reconocible. El que considero su mejor trabajo, In The Mood for Love, es una historia de amor sorprendente por su capacidad de restringirse a sí misma hacia la sutileza más salvaje, donde los personajes no se besan una sola vez en toda la película pero su atracción se construye silenciosa y efectivamente a través de sus diálogos, sus roces mínimos, y sus miradas. La 'secuela', 2046, es más sofisticada y compleja, pero igualmente disfrutable.



4.-



Hideaki Anno (1960 - )
Mejor Película: The End of Evangelion (1997)
Trabajos notables: Evangelion 2.0: You Can (Not) Advance (2009), Shin Seiki Evangerion (1995-1996)

No hay ninguna rama del audiovisual que merezca menos respeto que otras, y Hideaki Anno dejó eso más que claro con su epopeya de animación multicontroversial, Neon Genesis Evangelion. Tan emocionante como es groseramente violenta y trágica, Evangelion es una ensalada de personajes perdidos reunidos en torno a una catástrofe mundial que esconde un sinfín de capas, cada una más fascinante que la anterior. Mezclando ciencia ficción con drama psicológico y alusiones religiosas, Anno creó una historia que es resonante tanto por la calidad de sus conflictos como por la complejidad de su animación y sus recursos visuales. Se le suele acusar de sobrecomplejizar gratuitamente sus guiones, en particular la críptica The End of Evangelion (que es una fantasía casi incomprensible tanto a nivel narrativo como visual, llena de símbolos y enigmas), pero a mi parecer, Anno fue bendecido con la rara capacidad de generar infinitas ideas a través de unidades narrativas reducidas, y no lo considero tremendamente distinto de un Kubrick japonés.




3.-




Peter Greenaway (1942 - )
Mejor Película: A Zed and Two Noughts (1985)
Trabajos notables: The Cook the Thief His Wife & Her Lover (1989), The Belly of an Architect (1987)

Greenaway gusta de ser un radical. Con aseveraciones propias como que 'el cine está muerto' (un amigo dice que a los artistas y los filósofos les encanta matar cosas) y proclamando el nacimiento del 'zine' ('zinema'), es un tipo con el background cultural suficiente como para tomarse libertades taxonómicas. Greenaway es la antítesis de lo que te enseñan en la escuela, desechando abiertamente la noción de que las películas cuentan historias y basando casi toda su filmografía en experimentos formales que siguen una cierta coherencia narrativa pero que privilegian mucho más el desarrollo de una visualidad y de ideas más que una historia propiamente tal. Dos aspectos primordiales de su obra son su constante referencia a trabajos pictóricos (Vermeer, Renoir, etc) y por tanto sus encuadres presentan una calidad fotográfica y geométrica sublime (gracias en gran parte a su colaboración con Sacha Vierny); dentro de esta categoría caben sus constantes libertades de continuidad y verosimilitud, como los cambios de color en los sets y vestuario de The Cook the Thief His Wife & Her Lover. En segundo lugar, y probablemente más (re)conocida, sea su colaboración con el compositor Michael Nyman, que ha provisto de música a la gran mayoría de los trabajos de Greenaway, notablemente A Zed and Two Noughts y The Cook The Thief... La música de Nyman es uno de los lujos más prominentes en la obra de Greenaway, y lejos una de sus cualidades estéticas más interesantes.




2.-



Andrei Tarkovski (1932 - 1986)
Mejor película: Offret (El Sacrificio, 1986)
Trabajos notables: Zerkalo (El Espejo, 1975), Stalker (1979)

Por esto me siento culpable; no he visto toda la filmografía de Tarkovski, y ciertamente he dejado fuera varios de sus trabajos más importantes (Andrey Rublyov, anybody?), pero en mi defensa, una película de Tarkovski deja en claro de inmediato que se está frente a la visión de un tipo extraordinario. Considerado por muchos uno de los maestros del aburrimiento, Tarkovski es un tipo cuyo trabajo demanda una porción sustancial de paciencia y cafeína a la vena, pero que al final recompensa con una sobredosis de belleza y estilo y un singular toque de reflexiones filosóficas que, si bien debido a su soporte no excarvan demasiado profundo, son una refrescante instancia de distanciamiento respecto al mundo gracias a las preguntas que evoca. Mi película favorita, Offret, es una tragedia contemplativa ambientada en los albores de una Tercera Guerra Mundial, donde un filósofo se debate en numerosos escenarios que amenazan tanto su integridad personal como su visión empática del mundo, al punto de ofrecer un 'sacrificio' para que la inminente guerra cese. Colaborando con varios regulares de su colega Ingmar Bergman (Sven Nykvist en fotografía y Erland Josephson en el papel protagónico, y varios más), Offret es una experiencia única.




1.-




Ingmar Bergman (1918 - 2007)
Mejor Película: Persona (1966)
Trabajos notables: Viskningar och Rop (Cries & Whispers, 1972); Scener Ur Ett Äkstenskap (Scenes From A Marriage, 1973)


Si hay alguien que me inspirara la fascinación de un Mesías, es Bergman. Éste es un tipo que, bajo la apreciación de muchos, 'dijo tanto de la humanidad como Albert Camus'. Oscuro, depresivo, pesimista y profundamente sensible, Bergman hizo una carrera de explorar las esquinas más oscuras del ser humano, desplegando historias mínimas que sin embargo desbordaban la ambición de evocar preguntas sobre los padecimientos más complejos de las personas. Muy al tanto del escenario filosófico de su tiempo (un tipo que lee a Kierkegaard tiende a pensar estas cosas), Bergman construía personajes incómodos y enfermos (particularmente mujeres), que sin embargo resultaban ser emblemas de problemáticas universales; nadie puede decir que no existen las hermanas cínicas y masoquistas de Cries & Whispers, o las vampiresas emocionales de Persona, o las mártires autodestructivas de Nattvardsgästerna (Los Comulgantes). Las obras de Bergman están plagadas de una verdad que es dolorosa de ver precisamente porque se sabe que, dentro de su dramatismo, son reales y tangibles. Hasta la persona más pragmática y simple de pensar/actuar es producto de una serie de intrincados procesos sociales y emocionales que a veces ni él mismo puede entender, pero que sabe de alguna forma presentes en sí - y eso es lo que Bergman logra capturar y exponer tan efectivamente en cada personaje. Junto con Sven Nykvist, ambos le dieron una nueva acepción al primer plano y al uso dinámico del contraste, recogiendo y expandiendo el trabajo que hizo Carl Dreyer, especialmente en La passion de Jeanne d'Arc, en cuanto a la relación entre el primer plano y la búsqueda incisiva de la emoción. Admito que le vendí mi alma a Belzebú por la oportunidad de llegarle a los talones a este sueco, que en paz descanse (hasta que empiecen los remakes, tan de moda entre los gringos y los suecos).