Ok, campers, rise and shine!




Groundhog Day
1993
guión de Harold Ramis & Danny Ruben
dirección de Harold Ramis


Se me había olvidado, por un momento, que dedico este blog a las películas que me emocionan. Tienden a ser dramas duros, melodramas y tragedias griegas, porque así me gusta el mundo, gris, sangriento y emocionalmente sádico. Pero de vez en cuando aparece una película que, siendo más ligera de intenciones y tono, logra transmitir una serie de ideas (intelectuales y emocionales) de innegable poder y resonancia. Mi primera asociación a Groundhog Day ocurrió hace unos 12 años cuando se cruzó en mi lectura de mi revista de TV cable, como El día de la marmota, y no llamó particularmente mi atención. Años después, leí que se la consideraba un clásico de la comedia norteamericana, y ahora, un puñado de años adicionales después, por recomendación de un querido amigo mío, terminamos viéndola una tarde de domingo de abril.

Como toda gran película, es una combinación exitosa de elementos. El brillante guión de Ramis y Ruben cruza caminos con las interpretaciones honestas y dinámicas de Bill Murray y Andie McDowell, el interesante montaje de Pembroke J. Herring y la dirección balanceada del mismo Harold Ramis. Pero la mayor fuerza de Groundhog reside en la ejecución de su concepto, el cual ha sido inspiración de intensos debates filosóficos y religiosos para diversos grupos repartidos por el globo. Y si Ud. disfruta de dejar a un lado su pragmatismo para ponerse a pensar en las lecturas que ofrece una "película menor" como ésta, lo invito a reenfocar su aparentemente intrascendente planteamiento.



Phil es un meteorólogo hijo de perra que, sin un motivo aparente más que un designio divino (se agradece la ambigüedad respecto a este tema, también; haberlo explicado supondría una vulgarización del concepto mismo), comienza a revivir una y otra vez el mismo 2 de febrero, celebración del Día de la Marmota en el condado de Punxsutawney. Primero usa esto a su ventaja, aprovechando las nulas consecuencias de sus actos por lo que pronto se le ve incurriendo en actos delictuales, one-night stands, y otros descuidos. Entremedio, agobiado por el peso de una eternidad inevitable, procede a intentar diferentes métodos de suicidio, sólo para darse cuenta que despierta vivo a la mañana siguiente. Pero el verdadero foco de su atención, la productora de su programa (Andie McDowell), es quien provoca en él el viaje más intenso e interesante. Primero se ocupa de crear una lista de todas las cosas que le gustan/conmueven, y luego las pone a furiosa prueba trabajando para pasar una noche con ella, sólo para darse cuenta que sus intenciones, a pesar del continuo borrado de memoria de la mujer a diario, se vuelven más prontamente inútiles. Cuando se da cuenta que está realmente condenado, no le queda más que examinar su propio curso de acciones y empezar a determinar la seguidilla de errores que ha cometido no sólo en este día infinito, sino a lo largo de toda su vida, y comienza un lento proceso para convertirse en una mejor persona. Desarrolla agendas dedicadas a asistir a toda la gente del pueblo que necesita ayuda en ese día en particular, encontrándose de paso con la conmovedora secuencia en que se preocupa de un hombre vagabundo invitándole a comer sopa caliente, sólo para darse cuenta que está designado a morir de viejo todos los días. Esto marca la diferencia definitiva cuando Phil finalmente abandona todo su egoísmo y es capaz de dedicarse por completo al bienestar de otros, conquistando de por medio a la mujer de la que ha pasado años enteros enamorándose, pero sabiendo que sólo puede tener con ella un mínimo momento de plena felicidad antes de que su memoria se reinicie y tenga que "reconquistarla" de nuevo. Sólo cuando ha aprendido a ser honestamente altruista, el ciclo repetitivo del 2 de febrero concluye y también el curso normal de su vida.

Las acepciones que tiene la película distan de ser pocas. Se la describe como una bandera de la espiritualidad en tanto que es una recreación lúdica de la idea del purgatorio y la trascendencia del alma. Personalmente, creo que el aspecto más emotivo es la forma que tiene de retratar el cambio progresivo de Phil desde un ególatra hasta el altruista definitivo cuando, intentando ser encantador y buena persona, descubre que sus intenciones finales siguen siendo autocomplacientes y egoístas, y que la honestidad supone un sacrificio; el genuinamente preocuparse de otros sin esperar nada a cambio, algo que le toma tanto tiempo lograr, se muestra como el momento en que asume que la felicidad está en el momento ínfimo en que puede salvar a otro. Desde que se obsesiona salvándole la vida al mendigo todos los días, sólo para verlo morir una y otra vez, hasta que aprende piano y escultura en hielo para entretener a todo el pueblo y brindarle a Rita, su enamorada, un hermoso regalo ("conozco tanto tu rostro que podría haberlo hecho con los ojos cerrados") -- el camino que recorre Phil atraviesa toda la gama de emociones desde la comedia pura hasta la catarsis más profunda, y por ello Groundhog Day se me hace tan completa y maravillosa. Las películas, después de todo, sí son capaces de dejar algo contigo, un dispositivo de cambio en la forma de una pequeña idea que sientes como la invitación a mejorarte a ti mismo.

7.5/10

Deutschland über alles




Das Weiße Band - Eine deutsche kindergeschichte
2009
Guión y Dirección de Michael Haneke


Haneke solía provocarme una honesta repulsión. Siempre me parecía que cedía a una extraña forma de autocomplacencia y desmesura cuando se refería al tratamiento de la violencia, con su explícito despliegue sádico a un cerdo en vivo (Benny's Video, 1992), y el supuesto estudio de la gratuidad de la violencia en Funny Games (1997) y Funny Games US (2007), y sus finales a veces tan frustrantemente abiertos, donde suelo citar como ejemplo epónimo Caché (2005), donde ya pareciera que el corte final le fue encomendado al albedrío de una vaca que cometió el error de confundir el pasto con el soporte físico de la película.

Se me hacía que Haneke se regocijaba pensando que había realizado un estudio tan inteligente y sofisticado de su tópico fetiche y la verdad es que, a mis ojos, no era más que un sesentón ensimismado con la idea de una violencia formalista que pretendía impresionar o generar nociones trascendentes a través de sus personajes bizarros y su narrativa experimental. Y la verdad es que para ciertos círculos la mirada de Haneke sí es trascendente e inteligente y digna de admiración, pero para varios de nosotros (hablando de mí y un puñado de mis queridos colegas/compañeros de ghetto) no había mucha diferencia entre el erudito de Haneke y gente como Eli Roth o la camada de directores de la saga de Saw.



Pero luego llega Das Weiße Band - Eine Deutsche Kindergeschichte, que con su título ridículamente largo e impronunciable, nos presenta a un Haneke que ha parecido finalmente madurar para reinterpretar la violencia como un acto que no ocurre sólo mediante actos físicos sino también simbólicos, mucho más elaborados y sutiles, de paso ofreciendo una interesante tesis sobre el origen de lo que se conoce ampliamente como el mal absoluto dentro de nuestra contemporaneidad - las políticas Nazi.

Das Weiße Band es irónicamente la película más accesible hasta la fecha de Haneke, lo que muestra precisamente el cambio positivo en el que ha incurrido el director en tanto que es capaz de exponer e incorporar todas sus ideas de una manera tan sobria y austera como la historia del pueblo mismo, sin incurrir en los dispositivos de shock de los que tanto abusó previamente. Éste es un Haneke que comprende que la reflexión no está en el shock sino en el entender el proceso previo a éste (como dijo Hitchcock, el suspenso no es ver cuándo explota la bomba, sino todo el momento en el que está a punto de), y como tal, logra armar una historia donde la violencia aparece íntimamente ligada a manos infantiles (una idea de por sí escalofriante), que sin embargo aparece tan sutilmente expuesta y argumentada que se hace entendible, aceptable y hasta loable. Das Weisse Band es de hecho la prueba de cómo se puede realizar poesía con los horrores más grotescos del hombre, aquellos que ocurren donde todos nos negamos a creer que exista: en las encarnaciones de la inocencia misma, nuestros niños.

8/10

J'ai Tué Le Cinema

J'ai Tué Ma Mère (Yo Maté A Mi Madre)
2009
Guión y dirección de Xavier Dolan




Debo confesar con el orgullo en la mano, cayéndose a pedazos en el suelo que se abre para consumir mi penosa existencia, que reconocerme en el mismo plano que Xavier Dolan me desmoralizó por completo. Tengo 22 años, pasé a 5° de Cine y no he hecho nada de lo que esté orgulloso. Mi último proyecto, aunque gustó al público general, fue un fracaso de realización y fue duramente criticado por ello, y con razón. La calidad del trabajo audiovisual era pobre, algo poco digno del nivel en el que supuestamente estamos trabajando. Y luego me dispongo a ver J'ai Tué Ma Mère, la ópera prima del jovensísimo Xavier Dolan, un canadiense que a los 19 años se embarcó en la odisea fantástica de materializar sus ideas (y su guión, escrito a los 16) en esta película autobiográfica sobre la tortuosa relación de un tardío adolescente homosexual y su madre. Aunque el resultado puede ser discutible, la sola circunstancia de un teenager teniendo este tipo de manejo audiovisual y capacidad de materializar su producción no es menos que sorprendente.

La película en sí se mueve alrededor de varios problemas obvios. Mientras tiene retazos de originalidad y estilo, Dolan parece a ratos estar demasiado interesado en otorgarle estail y choriflaicidad a momentos que substancialmente no tienen potencial para serlo, y cae en la gratuidad, el cliché y la autoindulgencia. El guión parte siendo vago e injustificado, y durante toda la película se tiene la sensación de que uno no sabe realmente por qué madre e hijo se llevan tan mal (no a un nivel profundo, ontológico, sino que parece ser un desquite fílmico de todas las ocasiones en que un niño no estaba satisfecho con su madre por no darle lo que quería), donde ambos personajes se construyen como proyecciones profundamente infantiles y malcriadas. Ambos son a la vez el protagonista y el antagonista, lo cual hace que el personaje de Dolan sea intensamente poco empático, y la madre incompleta y coja. Aún el momento en que ella pareciera tener un respiro, en que existe algo así como un vínculo madre-hijo por problemático que sea ("Me moriría mañana"), los vaivenes y sinsentidos previos de la película se comen la escena y el personaje parece un poco manipulado.

Si bien la temprana fortaleza de Dolan pareciera ser la dirección de actores (incluida la auto-dirección), su habilidad de puesta en escena, de utilización de la cámara, podría estar más atrás. En una entrevista justificó su curiosa costumbre de encuadrar rostros a los extremos del frame con una respuesta, si bien coherente con lo que quería transmitir, finalmente mal ejecutada y por tanto, inefectiva. Sin embargo, su ojo para la atmósfera y el tratamiento visual en general parece bien entrenado, y en eso radica uno de los logros de la película. La fotografía es fantástica y ayuda mucho al feeling de un trabajo profesional y no un capricho adolescente.

En general, J'ai Tué Ma Mère, con sus fallas incluidas, es un sorprendente logro para un realizador tan joven, aunque ideológicamente siga teniendo mis reservas al respecto. Tenemos aquí a un joven director visiblemente consumido por las convenciones estéticas de su generación, un hipster hecho y derecho que, si su guión es fiel a su personalidad, tiene serios problemas de egotismo y falta de madurez. Es de esperar que el éxito no lo perturbe (más) y tengamos que someternos a los caprichos fílmicos de un muchacho malcriado.

6/10

Aquí un fragmento de una entrevista que dio para la revista con temática homosexual The Advocate; está en inglish, pero piola.

I was perfect...



Black Swan
2010
Guión de Mark Heyman, Andres Heinz & John J. McLaughlin
Dirigida por Darren Aronofsky


Darren Aronofsky es un tipo muy arriesgado. Hacer películas que duran 83 min (1:23:45) en base a constantes matemáticas, otras que ilustran gráficamente la decadencia física y emocional de un grupo de drogadictos (snorricam con Jennifer Connelly vomitándole a la audiencia incluida), otras de ambiciones galácticas y amores milenarios con bandas sonoras hermosas (cortesía de Clint Mansell), y otras que resucitan carreras muertas otorgando papeles de desgastados luchadores de Lucha Libre, requiere de un cierto par de cojones que muy pocos poseen, especialmente cuando el estilo que caracteriza transversalmente todas estas historias está marcado por una tendencia a la excentricidad visual, al exceso, a lo experimental, y sin embargo, a lo preciso y lo visceral.



Black Swan, como escribió un crítico que no mencionaré (ni le agradeceré por ser la base de esta idea), sería el sueño húmedo de Freud. Y no sin razón: el motivo del Lago de los Cisnes, de Pyotr Ilich Tchaikovsky, es la excusa con la que se nos presenta la historia de una joven bailarina de ballet acosada por los fantasmas de su propia sexualidad reprimida, siendo víctima de una madre controladora y las subsecuentes alteraciones de conciencia que sufre en un espiral Bergmanesco de desdoblamientos de personalidad e ilusiones ópticas y otras literalidades visuales.

Ahora bien, existen varios aspectos en los que Black Swan parece no haber agarrado vuelo. Es otro caso más en que los procesos internos de los personajes reflejan los acontecimientos de alguna obra externa a ellos en la que están involucrados (los conflictos dramáticos del ballet El Lago de los Cisnes son homologables al conflicto interno de Nina, el personaje de Natalie Portman), y por esto es quizá reductible en su complejidad intelectual y en la originalidad de su guión. La incorporación de la obra de Tchaikovsky a los conceptos psicológicos freudianos explorados es innegablemente interesante, y el tratamiento nervioso e intenso de Aronofsky le queda bien, pero a ratos Black Swan cae en excesos difíciles de soslayar, a veces pecando de ingenua cuando coquetea con convencionalidades trilladas en la materia de un thriller psicológico gringo, efectos especiales de por medio (aunque no deja de ser una idea visualmente bella, SPOILERS: ¿teníamos que ver a Natalie Portman convertirse literalmente en el cisne negro?), especialmente cuando se trata de representar el terreno común del desdoblamiento de personalidad -- en este caso, Portman lucha por liberar el Eros de su Thanatos, con el final dejando en claro la fatalidad de esta eterna batalla, incrustrada en los inconcientes de todos los seres humanos. Una batalla siempre fascinante, por lo demás, pero que en Black Swan pareciera caminar muy seguido por la línea del exceso y lo literal.

Muy interesante es además el tratamiento musical de (mi ídolo) Clint Mansell, que, bajo las instrucciones de Aronofsky, llevó a cabo la misma tarea que Tomas Leroy en la película y se propuso hacer una versión alternativa del ballet de Tchaikovsky, mezclando la partitura original con composiciones originales, arreglos instrumentales y electrónicos, orquestaciones con distintos énfasis y otras modificaciones, que crean una banda sonora híbrida, gloriosa e igualmente intensa que la actuación de la Portman. Lástima que bajo las reglas de la Academia, Mansell no será nominado a un Oscar -- pero será una menos de entre las otras numerosas que sí obtendrá, incluyendo la casi segura victoria de Natalie como Mejor Actriz.

En general, a pesar de sus (discutibles) fallas, Black Swan sigue siendo un trabajo de admirable intensidad y obsesión, ideas interesantes y gran despliegue audiovisual.

7/10 (sí, ahora empezaré a dejar ratings)

Lecciones de Cómo No Hacer Cine, o: Una Tarde con Pablo Larraín

Post-Mortem
2010
Guión de Pablo Larraín & Mateo Iribarren
Dirigida por Pablo Larraín




Me crucé con Post-Mortem el día de mi cumpleaños, caminando por Santiago, pasando por el siempre interesante Cine Arte Alameda (su programación, su aire a shúperloquismo), y decidí darle la oportunidad de ser mi película elegida para pasar el día especial. Había leído/escuchado comentarios contradictorios, y haber visto las dos películas previas de Larraín (Fuga [2006], Tony Manero [2008]) me otorgaban ya una idea de lo que enfrentaría probablemente, pero decidí aventurarme a la experiencia y presenté mi pase escolar para el descuento de $1900.

La tercera de Larraín resultó ser curiosamente similar a Tony Manero en el sentido de que es muy difícil describirla, siquiera resumir su trama. Parece estar construida sobre una historia que nunca toma vuelo, que no se entiende a sí misma, repleta de momentos de autoindulgencia excesiva que producen escenas de notoria incomodidad actoral y narrativa. Se desperdician tremendos talentos en personajes inconsistentes, que recitan diálogos sin carga emocional honesta, acartonados y distantes. La escena de "sufrimiento compartido" entre los personajes de Castro y Zegers evocó, más que empatía hacia ellos, una sincera risa de burla. Larraín aún está engolosinado con la idea de tomar distancia de la historia y personajes como un artefacto puramente formal, como queriendo justificar la amoralidad que predica en su abordaje del período con un narrador despreocupado, frío como un témpano, incapaz de generar siquiera ideas interesantes, ya que ha desechado por completo la emoción. Su vocación de apelar al intelecto se diluye en su propia incapacidad para transmitir ideas concretas con sus personajes y su cámara, tan perdidos como el propio Larraín.

Me pregunto, ¿es tan difícil contar algo con un dejo, simplemente un dejo de honestidad y humildad? ¿Para qué la parada fría y formalista por la que los críticos internacionales se mojan y sueltan premios a Best Third-World Picture si ello delata la absoluta falta de compromiso para con lo que se relata? La respuesta no es la frialdad, la distancia, las chorezas visuales (estoy en completo desacuerdo con alguien que dijo que Larraín no adornaba sus historias, creo que las sobrecarga de gratuidades sacadas de inflexiones de "buen guión" que ya se pasan de prostituidas); si tan sólo este muchacho (y no sólo él, sino todos los del nuevo nuevo cine chileno) aprendiera a dejar que nosotros, los espectadores, empatizáramos más con sus antojadizos personajes y de hecho nos preocupáramos por lo que les pasa (haciéndolos viajar por escenarios más creíbles, por lo demás), podría lograr abordar su fetiche temático con la dictadura con mayor efectividad, y de paso hacer cine de verdad y no ejercicios de egotismo que desperdician tiempo, dinero y talento ajeno.

He dicho.

Quite something, isn't it?

La rama de Efectos Especiales de la AMPAS (Academy of Motion Picture Arts & Sciences, en lo sucesivo LA ACADEMIA) ha hecho pública la lista de las 15 películas finalistas para competir en la reñida categoría de los Oscar. En enero esta lista será reducida a 7, y finalmente, para el día 25 del mismo, llegará a las 3 definitivas que constituirán la pelea por la estatuilla.


Noticias

El año pasado el mundo fue testigo de uno de los despliegues de obviedad más grandes del último tiempo cuando el equipo de VFX de Avatar se llevó la estatuilla, y aunque dicha película no me produce erecciones de ningún tipo, reconozco su tremendo trabajo en el área visual y el galardón estaba más que merecido. Ahora, en el oficio se habla de un nuevo período denominado post-Avatar, en el que la concepción y la apreciación de los efectos especiales ha pasado a un nuevo nivel, y como tal, las exigencias se agudizan. Este año, los rangos de calidad varían según los títulos de la lista misma:

1.- “Alice in Wonderland”. Probablemente llegue a la lista de finalistas, pero dudo mucho que llegue a la oficial. Personalmente creo que los efectos no son particularmente buenos (aunque se supone que son lo que sostiene a la película), especialmente ahora que lo que la lleva es el foto-realismo.
2.- “The Chronicles of Narnia: The Voyage of the Dawn Treader”. No la he visto, pero probablemente llegue a las finales. No a la oficial. La saga de Narnia nunca ha sido particularmente apreciada por sus efectos visuales, la tercera entrega no tendría especial apoyo por el factor renombre.
3.- “Clash of the Titans”. Fue polémica la finalización en 3D, que comprometió enormemente la calidad de la imagen y los efectos. No sorprendió a nadie, por tanto, no sobrevivirá.
4.- “Harry Potter and the Deathly Hallows Part 1”. La primera de las competidoras serias. La saga de Potter siempre ha sido laudeada por sus efectos, y aunque la academia ha sido algo reticente a reconocerla, el efecto sumatorio de su éxito de crítica y público (además de algunas secuencias que, al menos en el trailer, se ven espectaculares XD) debería funcionarle sobremanera. Apuesto por ella para que sea una de las Tres Oficiales.
5.- “Hereafter”. Un drama de Clint Eastwood no tiene nada que hacer en esta categoría. La academia MUY rara vez reconoce películas que utilizan efectos de manera secundaria, por lo que ésta no tiene chance alguna, menos aún con la actual respuesta de crítica y público hacia ella.
6.- “Inception”. Christopher Nolan reconoció durante la filmación de Batman Begins que evita en lo posible el uso de CGI (efectos por computador, o el vulgar photoshopeo) en sus películas, prefiriendo el empleo de técnicas mecánicas o definitivamente evitando el uso de efectos en absoluto. Pero Inception no era de ninguna manera posible sin la ayuda de CGI para crear los mundos del subconciente, donde calles de París comienzan a colapsar de la nada, puentes se construyen a partir de la pura imaginación, y ciudades completas se doblan sobre sí mismas. El equipo de Inception hizo un trabajo maravilloso e impresionante. Será otra de las Tres Finalistas, y en lo personal, tengo la corazonada y la esperanza de que sea también la ganadora de la estatuilla.
7.- “Iron Man 2”. La principal rival de Inception. La Iron Man original fue altamente aclamada por sus VFX (consiguiendo una nominación de por medio), y la verdad es que la calidad de su trabajo visual es tremenda. Si la joyita de C. Nolan no consigue el Oscar, será porque Tony Stark se la robó.
8.- “The Last Airbender”. Le pesa demasiado el haber sido un desastre de crítica y un fracaso de público. No sobrevivirá.
9.- “Percy Jackson & the Olympians: The Lightning Thief”. No hizo suficiente ruido, ni en su calidad visual ni en general.
10.- “Prince of Persia: The Sands of Time”. Nadie pareció demasiado impresionado.
11.- “Scott Pilgrim vs the World”. Buenas gráficas de After Effects no hacen una nominación.
12.- “Shutter Island”. ¿Tenía efectos?
13.- “The Sorcerer’s Apprentice”. Lo mismo que Last Airbender, le pesa mucho el factor fracaso como para ganar importancia ahora.
14.- “Tron: Legacy”. Ahora, ésta sí que es una gran pregunta. Probablemente sea la sorpresa del año y llegue tanto a las finales, como incluso a ganar la categoría. Me confieso parte de un dilema con ésta, pero al menos sé que será ampliamente considerada.
15.- “Unstoppable”. Eh, no.

Habrá que esperar para ver qué pasa.

The show's over, motherfuckers

¡Hola! Bienvenidos a la resurrección de Gritos y Películas, que renace a través de la oportunidad llamada fin de año y cese de actividades académicas.

Kick-Ass
2010
dir. Matthew Vaughn
guión de Jane Goldman & Matthew Vaughn, basado en el cómic de Mark Millar & John Romita Jr.




Kick-Ass
es un campo de batalla entre los preceptos morales del ayer y hoy. Viejos vs jóvenes, moral conservadora vs nihilismo. Casi toda su controversia gira en torno al tratamiento de la violencia, y en especial, la ejecución de ésta por parte de una niña de 11 años que ha sido entrenada cruelmente por su padre para convertirse en la superheroína Hit-Girl.

Kick-Ass es la historia de un nerd socialmente invisible, amante de los cómics que decide gratuitamente convertirse en superhéroe. Lo acompañan -eventualmente- dos verdaderos superhéroes, Big Daddy y su pequeña hija Hit-Girl, cuyo principal enemigo es Frank D'Amico, un magnate de las drogas con un hijo igualmente nerd y comic-book fan que será importante para el desarrollo de la historia.

Siendo una adaptación relativamente inteligente, el aceptable guión de Goldman y Vaughn, si bien cae en varios lugares comunes de lo que sería la dimensión "clever" del subgénero de la comedia teenager ácida (algunos plot points e inflexiones de lenguaje están directamente prestadas de otras fuentes), se beneficia enormemente del estilo visual de Vaughn y su capacidad para dejar al espectador en la delicada línea entre la sorpresa y la incomodidad. La violencia en Kick-Ass es, por supuesto, el mayor punto a favor dentro de su estilo visual al mismo tiempo que su mayor arma reflexiva, siendo toda la historia una dinámica alegoría en clave de comedia irónica sobre el fanatismo por la ultra-violencia.

Esto es lo que muchos críticos han pasado por alto, proclamando que la película es una desvergonzada carta de amor a la violencia y al fin de los preceptos éticos y morales que ven todo lo malo de tener a una prepúber disparando armas y empleando frecuentemente un delicioso vocabulario soez ("the show's over, motherfuckers"; "Okay you cunts, let's see what you can do now", entre ellas).

La moral está sobrevalorada. La moral está bañada en la hipocresía del relativismo y el conservadurismo que oculta la inconsistencia de sus propuestas bajo la censura y la negación abierta a las imágenes que no logran comprender como críticas a su propio sistema. Hit-Girl es, casi indeleblemente, la expresión más feroz y adecuada del terrible enamoramiento por la violencia, que se esparce de manera cáustica hacia los territorios que se creían inmunes: la más tierna infancia, la inocencia más definitiva. Kick-Ass, en este sentido, es un valiente intento por derrocar el sistema mediante la develación de sus contradicciones, y en verdad, que se la critique por amoral es en realidad una clara revelación de la ingenuidad de sus opositores.

Fuera de eso, Kick-Ass es tremendamente entretenida y recomendable, y posiblemente una de las mejores películas del año. Si no es así, al menos es una de las más únicas.